Luego de cursar el Tramo de Formación Pedagógica para profesionales, me certifiqué como profesor, para llevar adelante tarea de docencia en las materias a fines a la comunicación.
Más allá del pizarrón: Enseñar en tiempos de cambio
La docencia llegó a mi vida no como un destino aleatorio, sino como una consecuencia natural de mi vocación por comunicar y conectar con el otro. Si bien mi formación de base está en las Relaciones Públicas y la Publicidad, entendí que todo ese bagaje estratégico y comunicacional cobraba un nuevo sentido cuando se ponía al servicio de la educación. No me paro frente al aula solo para impartir contenidos, sino para compartir herramientas que permitan entender y transformar la realidad.
Mi elección de trabajar fundamentalmente con adultos y jóvenes adultos en el nivel CENS (Centros Educativos de Nivel Secundario) es una decisión deliberada. Allí me encuentro con historias de vida, con resiliencia y con ganas de superación que desafían cualquier manual de pedagogía. Cada estudiante trae consigo una mochila de experiencias laborales y personales que enriquece la clase, convirtiendo el aula en un espacio de aprendizaje horizontal y recíproco.
En este contexto, mi rol se aleja del viejo paradigma del profesor enciclopédico para acercarse más al de un facilitador. Habiendo cursado el Tramo de Formación Pedagógica, busco que mis clases sean un puente entre la teoría y la vida cotidiana. No sirve de nada memorizar definiciones si no podemos aplicarlas para resolver un conflicto en el trabajo, entender una noticia o defender un derecho en nuestra comunidad.
Las materias en las que estoy habilitado a ejercer mi rol —vinculadas a la Comunicación, Cultura, Sociedad y las Relaciones Públicas— son la excusa perfecta para trabajar lo que verdaderamente importa: el pensamiento crítico. En un mundo saturado de información, mi objetivo es que los alumnos aprendan a leer entre líneas, a cuestionar las fuentes y a construir su propia voz. Analizamos desde los medios masivos hasta las dinámicas de las redes sociales, buscando entender cómo se construye el sentido en el siglo XXI.
La tecnología es otra de las patas fundamentales de mi propuesta educativa. Lejos de prohibir el celular o pelear contra las pantallas, las integramos como herramientas de producción. Aprovechando mi experiencia en el mundo digital y el eCommerce, trabajamos en proyectos que incluyen la creación de podcasts, el análisis de medios digitales y el uso de plataformas colaborativas, preparando a los estudiantes para las demandas del mercado laboral actual.
Pero no todo es tecnología y mercado; también hay un fuerte componente de ciudadanía. En asignaturas como Construcción de Ciudadanía o Relaciones Laborales, abordamos la importancia de conocer nuestros derechos y obligaciones. Intento transmitir que la comunicación es, ante todo, un acto de responsabilidad social y una herramienta poderosa para el bien común y la convivencia democrática.
Mi experiencia en el sector privado, asesorando a PyMEs y gestionando crisis, se filtra inevitablemente en mis clases. Intento llevar al aula casos reales, problemas concretos de gestión y comunicación organizacional, para que el aprendizaje tenga un anclaje en la realidad productiva. Quiero que mis alumnos salgan preparados no solo para aprobar un examen, sino para desenvolverse con soltura en entrevistas laborales o en sus propios emprendimientos.
Entiendo la educación como un acto de esperanza. En cada clase busco generar un clima de confianza donde el error no sea castigado, sino visto como parte del proceso de aprendizaje. Me interesa rescatar el valor de la palabra, el respeto por la opinión ajena y la capacidad de escucha, habilidades blandas que hoy son tanto o más valiosas que cualquier conocimiento técnico.
A su vez, sigo formándome constantemente —desde cursos sobre ciberbullying y ciudadanía digital hasta seminarios de gestión— porque creo que un docente que deja de aprender, deja de enseñar. Esa curiosidad que me lleva a investigar sobre nuevas tecnologías o estrategias de marketing es la misma chispa que intento encender en quienes asisten a mis clases.
En definitiva, mi paso por la docencia es mi forma de devolverle a la comunidad parte de lo que recibí. Es mi granito de arena para construir una sociedad más despierta, más crítica y más solidaria. Porque al final del día, educar no es llenar un balde, sino encender un fuego, y en eso pongo toda mi energía y mi experiencia profesional.
